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UN PENSAMIENTO SOBRE CÉLINE SCIAMMA: NO HACER SHOW

Céline Sciamma es una directora de cine francesa. Su penúltimo largometraje, Retrato de una mujer en llamas (2019), dio la vuelta al mundo y fue un éxito rotundo tanto en taquilla como ante la crítica. Para seguir este éxito, Sciamma hace Petite Maman (2022). Aquí decide contar la historia de una niña y una madre que acaban de sufrir la pérdida de su abuela y madre respectivamente. 
En el cine y en la literatura y en toda forma de arte que cuente una historia siempre hay una relación entre lo que algunos insisten en llamar “la realidad” y lo que es posible dentro de una historia. Esta tensión puede referirse algo tan extremo como que en la realidad nadie tenga súper poderes pero también a algo tan sencillo como una mala actuación o diálogo (como cuando la gente dice que nadie habla así). En Petite Maman, la niña protagonista Nelly, encuentra a otra niña llamada Marion (igual que su madre) jugando en el bosque. Poco tiempo después de este primer encuentro entendemos que la niña Marion es la mamá Marion. Aquí entendemos la situación muy rápidamente y eso implica que el propósito no es sorprender al espectador con un plot twist ni volarle la cabeza con una compleja explicación que no deja ningún cabo suelto en la última escena (Christopher Nolan). Sciamma nos cuenta esta posibilidad absurda dentro de un mundo como el nuestro, aceptandola sin siquiera enmarcarla en un halo de magia como lo hace el realismo mágico. Sencillamente la película sigue con la misma modestia con la que se filmo. Primera instancia en la que Sciamma decide no hacer show.
   Posteriormente Nelly se entere que Marion su amiga de la misma edad es también Marion su mamá. Aquí también Nelly podría hacer show, se podría presentar un conflicto entre mundo real y mundo fantástico, entre lucidez y locura o entre imaginación y realidad. Nelly podría asustarse, reaccionar violentamente, huir de un mundo o del otro, podría entrar en un desespero y buscar explicaciones como que la casita de palos donde ellas juegan es una máquina del tiempo pero no, la película sigue sin dar explicaciones intricadas y sin armar un drama gigantesco.

 

Esto me hace pensar en como Gregor Samsa se vuelve un escarabajo de la noche a la mañana sin que se ofrezca, busque o siquiera importe ni sea mágica tal explicación. (No como en Cien años de soledad  donde si bien la magía no se explica pero sigue siendo importante por el hecho de ser mágica.) Ni en Kafka ni en Sciamma es mágico el hecho imposible. Pero la diferencia es que si Sciamma hubiera escrito La Metamorfosis, la familia de Gregor lo hubiera aceptado y la historia se hubiera vuelto de cómo intentan convivir juntos y encontrar amor subyugados a este suceso. 
Es decir: el conflicto no es absolutamente necesario. Al repensar esto Sciamma (no es la primera en hacerlo) está repensando leyes narrativas milenarias y abriendo espacio para un pregunta realmente interesante: En una narrativa que no pretende ser experimental, es decir una narrativa que se mantiene narrativa, ¿qué queda o qué emerge una vez eliminamos la compulsión al conflicto? ¿Qué pasa si Gregor Samsa se despierta convertido en un insecto y su familia lo entiende, le abre la puerta y lo ayudan a ir a trabajar? ¿Qué pasa cuando luego Gregor Samsa llegue a la oficina e intente hablar con su jefe, explicarle lo que le pasó? ¿Qué pasa si nadie trata de hacer show o exterminar la cucaracha? ¿Cómo se ve y se siente eso?

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